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Grupo de monaguillos

   
Aquí encontraran información acerca de los monaguillos: Que son, que hacen, como instituirlos etc. Sin más, esperamos que disfruten de la sección y les deseamos muchas bendiciones por parte del señor.
Rito de la institución de los monaguillos
El esquema puede ser el siguiente:
1. Antes del Evangelio: Monición y presentación de los candidatos a ser monaguillos.
2. Evangelio y homilía.
3. Compromiso de los monaguillos. Responden todos juntos.
4. Oración de los monaguillos. La pueden decir todos a la vez.
5. Vestición con la túnica. Les ayudan los antiguos monaguillos.
6. Entrega de los instrumentos o de un signo.
7. Abrazo de acogida por parte de los monaguillos antiguos.
8. Oración de los fieles que hacen los nuevos monaguillos.

Monición inicial y presentación:
El monaguillo constituye uno de los personajes más queridos y entrañables de la Iglesia.
No sólo da realce a las celebraciones litúrgicas, sino que hace cercano y amable el misterio de Jesús para los niños, quienes vierten su ilusión y su fe creciente en un servicio bello y necesario en el culto y en la Eucaristía sobre todo.
Y ahora poneos de pie los que deseáis formar parte del grupo de monaguillos de nuestra parroquia:
(Homilía )
Compromiso:
Estáis dispuestos a servir a Jesús en los actos litúrgicos con dedicación y cariño?
Sí, estoy dispuesto
Estáis dispuestos a seguir aprendiendo más para desempeñar vuestra tarea como Jesús espera de vosotros?
Sí, estoy dispuesto
Estáis dispuestos a manifestar vuestra cercanía al Señor orando cada día y haciendo buenas obras a favor de los demás?
Sí, estoy dispuesto
Oración de los monaguillos:
Ayúdame, Jesús, a ser un monaguillo fiel y dispuesto a hacer mi trabajo con cariño y dignidad.
Ayúdame también, a estar cerca de ti para descubrirte en los demás, en mi familia y en mis amigos y así los pueda amar como tú me amas a mí.
(Se visten con la túnica)
(Entrega de los instrumentos)
Recibe ...................... como señal de tu compromiso como monaguillo.
(Abrazo de acogida por parte de los monaguillos antiguos)

Los "Porti-Dracmas"

Cada vez que ayudan en la Santa Misa reciben uno o más porti-dracmas, según la valoración que cada sacerdote crea adecuada. Después se canjean por los viajes de verano o excursiones a lo largo del año. Hay una tabla en la sacristía con la puntuación de cada uno.
Las reuniones y su formación
Cada dos semanas: Un encuentro. En el reciben formación cristiana y propia del monaguillo. Después, cena y peli o juegos en la casa parroquial
Las excursiones
Con cierta frecuencia hacemos salidas o excursiones con el fin de convivir, conocer otros lugares o disfrutar de la naturaleza.
El Acolitado
Es alentador observar en misa la figura de los acólitos: niños o niñas que con un vestido apropiado asisten al sacerdote en misa: le ayudan con el misal, las ofrendas, el lavatorio de las manos y portando la charola de la comunión.

Hago la aclaración de que en este artículo no me referiré a estos acólitos, sino a los varones que reciben el ministerio del acolitado. Para hacer una diferencia entre estas dos personas, el mismo Juan Pablo II ha utilizado la palabra monaguillo al referirse a esos niños y niñas que ayudan al sacerdote en el altar.

El acolitado pertenece a los ministerios de la Iglesia. ¿Qué son y cuándo nacieron estos ministerios?

Con el fin de dar a Dios el culto debido y prestar un servicio adecuado al pueblo de Dios la Iglesia estableció desde tiempos remotísimos algunos ministerios según los cuales se confiaba a los fieles ejercer oficios en la liturgia y en la caridad, acomodados a los diversos tiempos y circunstancias.

Algunos de estos cargos más estrechamente ligados con la liturgia, es decir con el culto divino, fueron poco a poco tenidos como instituciones previas a la recepción de las órdenes sagradas, concretamente al sacerdocio o presbiterado. De esta manera el ostariado, el lectorado, el exorcistado y el acolitado se consideraron en la Iglesia como órdenes menores en relación con el diaconado, al presbiterado y al episcopado, que fueron denominadas órdenes mayores. Por regla general se tenía que para llegar al diaconado se debía pasar antes por las órdenes menores.

Sin embargo el Papa Paulo VI, en consonancia con el espíritu del Concilio Vaticano II hizo una revisión de estas órdenes menores y realizó las siguientes adaptaciones:
- Las órdenes que hasta ahora se llamaban menores, en lo sucesivo se deben llamar ministerios.
- Los ministerios pueden confiarse a fieles laicos, y no se considerarán reservados únicamente para los aspirantes al sacramento del Orden sacerdotal.
- Los ministerios que se han de conservar en toda la Iglesia, adaptados a las necesidades actuales serán el de lector y el de acólito.
- En armonía con la tradición de la Iglesia la institución de lector y de acólito está reservada a los varones.
- Los ministerios son conferidos por el Obispo mediante el rito litúrgico de la institución de lector y de la institución de acólito.
- Para los que van a recibir el diaconado y el sacerdocio, deben recibir los ministerios de lector y acólito y ejercerlos durante un tiempo adecuado, para disponerse mejor a los futuros oficios de la Palabra y del Altar.

Estas mismas disposiciones quedaron recogidas en el Código de Derecho Canónico, en el canon 230 donde establece lo siguiente: “Los varones laicos que tengan la edad y las condiciones determinadas por la Conferencia Episcopal pueden ser llamados para el ministerio estable de lector y acólito, mediante el rito litúrgico prescrito; sin embargo la colación de esos ministerios no les da derecho a ser sustentados o remunerados por la Iglesia.”

De esta manera la Iglesia establece una clara diferencia entre ministerio y sagradas órdenes. Los laicos que por llamado y disponibilidad especial quieran ayudar a la Iglesia en el servicio de la Palabra y del Altar, lo pueden hacer, sin dejar su condición de laicos, a través del ministerio permanente de lectorado y acolitado. También lo podrán hacer a través del diaconado permanente, pero siendo éste no ya un ministerio sino una órden sagrada, aunque sin dejar su estado laical.

Las funciones de un acólito son: cuidar del servicio del altar, ayudar al diácono y al sacerdote en las acciones litúrgicas, especialmente en la celebración de la Misa, distribuir la sagrada comunión como ministro extraordinario de la eucaristía, según las condiciones que más adelante se verán en el artículo de ministro extraordinario de la Eucaristía. En idénticas condiciones podrá exponer públicamente el Santísimo Sacramento de la Eucaristía a la adoración de los fieles y podrá luego reservarlo, pero no puede dar la bendición. Puede además instruir a los fieles que ayudan en las acciones litúrgicas como son las de llevar el Misal, la cruz, los cirios u otras funciones similares.

Escrito por Germán Sanchez Grises